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Full text of "En la sombra : drama en un acto y en verso"

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Los derechos de publicación de esta 
obra, son de exclusiva propiedad de la ca- 
sa editora José González y Cía. Corrientes 
1361, correspondiendo los de representa- 
ción al autor. 

Queda hecho el depósito que marca la 
ley— Buenos Aires Mayo de 1914. 



EN LA SOMBRA 

* Drama en un acto y en Verso 

Original de 
CHIRLOS ROXLO 



(Representado por primera vez en ei Teatro Argentino 
en Junio de 1890 y vuelto a representar en el Teatro 
Nacional en Abril de 1914.) 



DEDICATORIA 

ra 

ios señorees 

Mariano Galé y Arsenio Mary 



su agradecido 
C. I^OXLO 



REPARTO 



a — ^ 



PERSONAJES ACTORES 

189Q 1914 

María Sra. Espinosa Sra. Quiroga 

Jaime Sr. M. Galé Sr. A. Mary 

Blási » Díaz » Alippi 

Ernesto ........ » Ocampo » Conpscinto 

El Doctor ....... . » Martínez » Escarcela 




675105 



Drama en un aoto y en verso 
Original de 

CARLOS ROXLO 

(Representado por primera vez en el Teatro Ar- 
gentino en Junio de 1896 y vuelto a representar 
en el Teatro Nacional en Abril de 1914.) 

Esta obra, vuelta á representar, sin yo saberlo, casi 
á los cuatro lustros de haber reñido victoriosamente su 
primer batalla, paréceme que vale muy poca cosa co- 
mo labor de ritmo y labor de escena. 

Resuelvo imprimirla: en primer lugar, por que nun- 
ca les negaré á mis hijos intelectuales el derecho que 
tienen á llevar mi nombre; y en segundo lugar, á fin 
de que se salven los errores de que pudieran adolecer las 
copias que se han hecho, ó que se hicieren, del texto 
original. 

De todos modos, grande es mi gratitud para los ar- 
tistas que la representaron por vez primera; para los 
actores que la están exhumando tan admirablemente en 
la actualidad; y para el público de Buenos Aires, que 
tuvo la complacencia de aplaudirla en 1896 y la cor- 
tesía de no silbarla en 1914, 



Abril 26. 



CARLOS ROXLO. 



- 5 — 



ACTO UNICO 

Taller de pintor. — Cuadros, estatuas, panoplias, etc. 
— Puerta y ventana en el foro. — Puertas laterales con 
amplias colgaduras. — <En el centro una mesa. — Sobre 
la mesa el canastillo de costura de María. — Un si- 
llón junto á la mesa. — 'Anochece. — Epoca actual. 

ESCENA PRIMERA 

Jaime y María (en la ventana) 

María Lenta la tarde declina 
entre franjas de carmín, 
y flotan sobre el jardín 
los flecos de la neblina ; 
hay ruidos en la cortina 
del ramaje cimbrador, 
y como un beso de amor 
de las plantas á la noche, 
su aroma destila el broche ■ • 

purpúreo de cada flor. 

Jaime Vuele la no'che callada 

por la inmensidad tranquila ; 
no distingue mi pupila 
la tarde de la alborada : 
y aunque llevo en la mirada 
de las sombras el crespón, 
mientras me acaricie el son 
de tu voz hechizadora, 
todo el brillo de la aurora 
llenará mi corazón. 
¡ Trepad, tinieblas y hielos, 
por los troncos del jardín! 
; Anchas cintas de carmín, 
no importunéis á los cielos ! 
¡ Entolde con triples velos 
una obscuridad sombría 
los ojos de mi María, 



para que, trémula y loca, 

venga á beber en mi boca 

los resplandores del día ! 
María Cuando se apagan las teas 

azules del firmamento, 

¡ algo más frío que el viento 

pasa sobre las ideas ! 
Jaime ¿Eso dices? No lo creas, 

no lo creas, no es verdad; 

■la mayor oscuridad, 

la mía, la de mis sombras, 

yo sé que cuando me nombras 

se llena de claridad. 

¡Astro que alumbras mi frente 

con tu más dulce calor, 

yo te digo que es mejor 

ser foco que recipiente ! 

{ La noche más inclemente 

nuestro ensueño la ilumina, 

como rasga la neblina 

más confusa y más opaca, 

el faro que se destaca 

sobre una roca marina] 

(Pausa — Jaime, apoyado en María, va á sen- 
tarse en el sillón que está junto á la mesa. 

María, sentada al lado suyo, se pone á coser 

una prenda de niño). 
María Ha de ser desesperado 

vivir en sombras, sin luz. 
Jaime Es beneficio y no cruz 

ser ciego y sentirse amado. 

¡ Si tu semblante adorado 

mis ojos no pueden ver, 

en cambio tengo tu ser, 

de carne limpio alhelí, 

siempre muy cerca de mí 

para ayudarme á mover ! 

; Tu me pintas los colores 

de las puestas de tisú, 



y como los pintas tú, 
yo los encuentro mejores; 
para soñar con las flores 
marcho de tu aliento en pos, 
que donde estamos los dos 
cuanto existe se ireasume, 
y hay claridad, hay perfume, 
hay primavera y hay Diós ! 

María (¡turbada) \ Calla, Jaime ! ¡ Si supieras 

el tormento que me das ! 
Taime Quiero que me quieras más 

por mucho que ya me quieras. 

¡ Mar de sombras plañideras 

en que sin rumbo me agito, 

y horrible foso maldito 

en que han clavado mi cruz, 

para llenaros de luz 

muchos cielos necesito! 
María ¡ Jaime ! ¡ Jaime ! 
Jaime ¿Me amas? 

María ¡ Sí ! 

Jaime ¡ Los otros te ven, yo nó ! 

¡ El que mis ojos cegó 

fué muy duro para mí ! 

í Si castigo merecí 

otro castigo me diera, 

que por muy grande que fuera 

la inmensidad de mi error, 

fué injusticia superior 

no dejarme que te viera! 
María ¡Me da miedo tu agonía! 

¡ Miedo tu angustia me dá ! 
Jaime {reprimiéndose) Jaime está bien donde está 

la sombra de su María ! 
, ¡ Guarde para otros el día 

sus resplandores más bellos, 

y envíe el sol los destellos 

que deslumhran ó embelesan, 



- 8 — 



á los pobres que no besan 
el oro de tus cabellos ! 

(Pausa) 

Jaime ¿Y el niño? 

María Ya se durmió. 

Jaime ¡ Dichosa tú que le ves ! 

María (distrayéndole) ¡Si vieras qué lindo es 

¡ Mucho más lindo que yo ! 
Jaime (con pasión) Si en tus entrañas halló 

molde, sustento y clausura, 

¿ cómo extrañar, mi ventura, 

que el sol de nuestros amores 

tenga todos los primores 

de tu gentil hermosura? 

í Le idolatro, y me da celos 

el amor que le prof esas ! 

¡'Le amo más cuando no besas 

de sus pupilas los cielos 1 

¡ Son tan lóbregos los velos 

que me impiden contemplarte, 

y es tan escasa la parte 

que me tocó de alegría, 

que quisiera, vida mía, 

para mí solo guardarte ! 
María (emocionada) ¡Mi artista, mi soñador, 

que bueno, que bueno eres ! 
Jaime Cuando dices que me quieres, 

me olvido de mi dolor; 

hasta el cielo de tu amor 

no sube mi noche oscura, 

y aunque su fría negrura 

tiene grandezas de mar, 

¡ es poca para apagar 

el fuego de mi ternura ! 
María ¿Y si mi labio mintiera? 

¿Si engañase mi pasión? 
Jaime ¡ No despiertes al león ! 

¡Déjale en su madriguera! * | 



- 9 - 



j Arrulle siempre á la fiera 

de tu voz la melodía, 

que si se despierta un día * 

y sola se alcanza á ver, 

puede su noche extender 

sobre tus ojos, María! 

ESCENA SEGUNDA 
Dichos y Ernesto 

Ernesto (saludando) \ Felices tardes, pintor ! 

\ Señora, muy buenas tardes ! 
Jaime (sombrío) Buenas, Ernesto. 
Ernesto ¿Ya estás 

hecho un Júpiter de jaspe? 
María ¿Qué ganas con tus tristezas? 
Jaime ¿Qué gano con alegrarme? 

¡ Ulceras del corazón, 

si á la superficie salen, 

con el virus que destilan 

truecan en ponzoña el aire ! 
Ernesto (á María) ¿ Siempre lo mismo? 
María Lo mismo: 

no hay modo de consolarle. 
Jaime Siendo tan negra mi noche, 

no comprendo que os extrañe 

que el luto que hay en mi alma 

le preste á todo su traje. 

La sombra engendra más sombra, 

Todo lo desforme nace 

de la obscuridad. El día 

puso en las ramas del sauce 

lo verde de su esperanza 

y el ritmo de sus cantares. 

¡ La noche, madre del buho, 

conoce que es mala madre, 

y siempre que engendra, llora 

sangre de su mejor sangre! 

¡ Por eso la esculpió en mármol, 

muy sombría, Miguel Angel I 



- 10 - 



Eb íESTO ; Xo re quejes! ¡no te queje-' 
Te dejaron, al cegarte, 
con tus ensueños de artista 
del amor la claridades : 
; una vela sobre el foque 
y viento para el velamen ! 

Jaime A las playas de la dicha 
nunca llegará la nave, 
qjte está la noche muy negra 
y está el puerto muy distante ! 

Ernesto Envidia te tienen muchos. 

Jaime Hacen mal en envidiarme. 

; Envidia? ;á quién? ; al pintor? 

¡ Rota la paleta yáce ! 

¡ Desnudo yace el modelo, 

sin que su hermosura empañes 

las miradas que soñaron 

nacer inmortal lo frágil ! 

¡ El artista se ha dormido ! 

¡ Xo lo despertéis ! ; Dejadle ! 

-Para qué turbar su sueño? 

; Qué le diréis cuando os hable 

de los verdores que tiemblan 

en el fondo de los valles 

mientra- cruza las cuchillas 

el lucero de la tarde ? 

; Qué le diréis - (Muchas sombras' 

; Siempre sombras! 

María (con piedad) ¡Calla. Jaime! 

Jaime ;A quién envidian? ¿Al hombre? 

¡ Los que me envidian no saben 
que el amargor más amargo 
de las heces de mi cáliz, 
es acercarme á una cuna, 
abrir sus blancos cendales, 
y encontrarme con la noche 
donde sé que duerme un ángel ! 

Eenksto Pero el esposo 



- 11 - 



Jaime 



Ernesto 

María 

Ernesto 

María 

Jaims 



Blas 



¡ El esposo 
sufre tanto como el padre ! 
; Tu la ves ; yo no la veo ! 
¡ Tu puedes, siendo cobarde, 
defenderla de un insulto 
y vengarla de un ultraje! 
Yo, por más fuerte que sea, 
no puedo luchar con nadie, 
que si me pide socorro 
y si pretendo prestársele, 
maniatado por mis sombras, 
bien sujeto en sus cordajes, 
¿ dónde iré que no me encuentre 
con los muros de mi cárcel? 
Es mía, ¿verdad que es mía? 
Pero tú ves su semblante 
y conoces en sus ojos 
el cariño ó el desaire; 
¡ en cambio yo, siendo mía, 
para soñar con su imagen, 
tengo que cruzar cien noches 
más profundas que cien mares ! 
¿Envidia? Los que así piensan 
tienen la envidia muy fácil, 
y codician mis dolores 
por el placer de envidiarme. 
¿Envidia?.... ¿De quién, Dios mío? 
¿De quién? 

(aparte á María) Necesito hablarte, 
j Ahora no! (id. á Ernesto) 

(id.) ¿Cuándo? 

Esta noche. 

¡ No se envidia á los cadáveres ! 

ESCENA TERCERA 

Dichos y Blas 
(mirando á Ernesto y María) 
(¡Siempre juntos!) ¿Cómo vá 



la salud de mi pintor? 
Jaime Me encuentro mucho mejor, 
Ernesto Pues ninguno lo dirá. 
Jaime ¿Por qué? 

Ernesto ¡Si tienes un gesto 

y hablas, mi Jáime, de un modo ! 
Jaime - Perdona si no acomodo 

mí cara á tu risa, Ernesto. 

Siempre que se oculta el día, 

siempre que la noche empieza, 

toda la naturaleza 

llora de melancolía. 

Me, agobia el último roce 

con que la tarde nos hiere: 

i mis ojos no ven que muere, 

pero el alma lo conoce ! 

¿Y mis cuadros? (á Blas) 
Blas (con gozo) Se han concluido, 

Jaime ¿Bien? 

Blas (con orgullo) ¡Los he vendido yo! 

Ernesto ¡ Entonces, San se acabó ! 

i Cuando tú los has vendido ! 
Blas ¿Te estás burlando de mí? 

Ernesto ¿No ves lo serio que estoy? 
Blas Aunque comerciante soy, 

para otra cosa nací. 

Siendo yo así de pequeño.... 
Ernesto Cada loco con su tema. 
Blas Ser pintor era el problema 

sonrosado de mi sueño. 

Aliento no me faltaba, 

que lo tuve soberano; 

pero esta picara mano 

siempre mi afán traicionaba. 

Y por más que trabajase 

en los lienzos que teñía. 

nunca, nunca conseguía ' 



- 13 - 



que la ingrata se enmendase. 
¡ Cuánto mi afán me costó ! 
¡ Cuánta prueba dolorosa ! 
¡ Una vez pinté una rosa 
y un cardo me resultó ! 
¡ Parecía mi pincel 
un de-lirio de pinceles ! 
¡ Eran muy buenos pasteles 
mis pinturas al pastel ! 
Así he aprendido á admirar 
lo que es grande y es hermoso : 
¡ yo soy un pintor famoso 
que nunca sabrá pintar ! 
Me hechizan tintes y galas; 
no hay luz que no me deslumbre : 
¡ tengo el afán de la cumbre, 
pero me faltan las alas ! 
Jaime (con éxtasis) ¡La ejecución! ¡Realizar 
lo que el numen deja ver, 
es lo mismo que querer 
sorberse el agua del mar ! 
¡ Por bello que el cuadro sea, 
mucho más su germen vale ! 
¡ No hay ejecución que iguale 
en hermosura á la idea ! 
¡ Os parecerá pequeño 
todo lo que ejecutéis, 
siempre que lo comparéis, 
artistas, con vuestros ensueño ! 
Pasáis del sueño á la acción, 
el pincel vibrando vuela, 
y al fin ... . ¡ trazáis en la tela 
la sombra de la visión ! 
¿Dónde. están sus ricas galas? 
¿ Sus colores dónde están ? 
¡ En el lienzo vuestro afán 
puso el polvo de sus alas ! 
¡Y del polvo bajo el tul, 
que no podéis descorrer, 
se ha quedado sin nacer 



/ 



- 14 - 



vuestra mariposa azul ! 
Blas Algo de ese mal entiendo. 

Jaime Nadie os copia, ensueños de oro. 
Blas Yo, que los cuadros adoro, 

ya no los pinto, los vendo. 

Guardo los genuflexiones 

y las fiebres de laurel, 

para el ageno pincel 

que da vida á mis visiones. 

Sí hallo un numen superior, 

me digo con alegría: 

¡ Eso es lo que yo sería 

si hubiese sido pintor ! 

Y creo en mis extravíos, 

cuando doy con cuadros buenos, 

que aquellos cuadros ágenos, 

aunque son de otro, son míos. 
Ernesto ¡ Cómica felicidad ! 

¡Ser tú y no ser tú ! 
Blas ¿Qué quieres? 

Le debo muchos placeres 

á esa extraña dualidad. 

Donde habrá placer que iguale, 

ante un lienzo superior, 

al de hallarle un comprador 

que os dé lo que el lienzo vale, 

para decirle al qwe crea 

y á quien turba el porvenir : 

¡ Ya tienes para vivir ! 

¡ Baja, buzo de la idea, 

al mar de tu corazón, 

y tráenos en tus pinceles 

lo rojo de los claveles 

del huerto de la ilusión! 

¡ Sube, forzando tu vuelo, 

de los espacios al tul, 

y roba un poco de azul 

á la túnica del cielo ! 
Ernesto No te entiendo, soñador. 
Jaímb (riendo) Siempre formaron mal dú© 



- 15 — 



el feo silbo del buho 
y el canto del ruiseñor. 
Blas (á Ernesto) ¿No reclaman las fierezas 

de la multitud sombría 
como un viento de poesía 
que sanee sus pobrezas? 
Pues abrid de la ilusión 
el palacio de cristal, 
donde un príncipe imperial 
se casa con Cendrillón. 
Dejad al que está sin luz 
que burlando toda ley, 
crea que le han hecho rey 
de los tesoros de Ormuz. 
¡Por qué es justicia ejemplar 
que el que nada tiene, venda 
diamantes bajo una tienda 
de la fantástica Hardwár ! 
(Pausa. — Jaime se levanta, dirigiendo los 
versos que siguen á los cuadros que adornar, 
el taller). 

Jaime ¡ Cuadros que yo concebí 

y con júbilo pinté, 

ya nunca mirar podré 

las refulgencias que os di? 

¡ Todo el teclado sonoro 

de los colores calló 

para siempre ! 
Ernesto (con burla velada) Y continuo 

la luz siendo ríos de oro. 

Aún es verdoso el pensil 

y es azul el claro cielo, 

vistiéndose el arroyuelo 

con espumas de marfil. 

La tarde de tintes rojos 

con antiguos dramas pienso, 

y lo negro. . . . 
Jaime ¡ Esta efe la inmensa 

oscuridad de mis ojos r 



— 16 - 



Blas Artista, sueños y rosas 

tienen aciago destino : 

¡ el dolor es el divino 

plenilunio de las cosas ! 

Sueño, que en ritmo ó color 

concluye por enflorar, 

nace á la orilla del mar 

proceloso del dolor. 

i Del matiz y el son lo joven 

debe su mágico brillo 

á un sollozo de Murillo 

y á un lamento de Beethoven ! 

(Pausa. — Jaime, ayudado por María, vuél- 
vese á sentar). 
Ernesto Me marcho para volver; 

voy en busca del doctor. 
Blas (aparte á Ernesto) (Que no vuelvas es 

mejor). 

Ernesto (aparte é irónico) Tengo aquí mucho que 
hacer. 

Blas ' (á parte y con ira) (¡ Lo que estás traman- 
do es vil !). 

Ernesto (con mofa) (¡ Bromas de los maldicentes !) 
Blas (viéndole salir) (¡Yo le arrancaré los dien- 

tes venenosos al reptil!) 
María También yo vuelvo en seguida; 

voy á ver lo que hace el niño. 
Jaime Son su cuna y tu cariño 

los dos soles de mi vida. 

¡ Ve, mi bien, corre á velar 

al hijo de nuestro amor, 

tú que eres como el calor 

de los muros de mi hogar ! 

ESCENA CUARTA 



Blas 



\ Jaime y Blas 
Quiero hablarte. 



- 17 - 



AIME 



Ya te escucho. 
No sé cómo principiar. 
¿Vas á causarme un pesar? 
Voy á hacerte sufrir mucho. 
¿Amas á María? 

• ¡Sí! 

¿Quieres á Ernesto?... ; Yo no! 
¿Por qué tu labio juntó 
nombres que no le pedí? 
No consigo comprender 
que razón ni que pretesto 
enlaza el nombre de Ernesto 
al nombre de mi mujer. 
Es el mundo maldiciente, 
y como Ernesto en tu casa 
goza de un favor sin tasa, 
ha dado en hablar la gente. 
Pues hacen mal en hablar 
y yo no se lo tolero, 
que deben á los que quiero, 
por ser míos respetar. 
Yo cumplo con un deber 
muy difícil de cumplir. 
No me vengas á decir 
lo que no quiero saber. 
¡ No me traigas del montón 
de babosas el veneno, 
que podrías con su cieno 
salpicar mi corazón ! 
Vine á ofrecerte mi ayuda 
contra los chismes del bando. 

¿No ves que estás engendrando 
en mi espíritu la duda? 
Deja que murmure sorda 
en su cauce la corriente: - 

¿ ay del llano si el torrente 
espumoso se desborda ! 



- 18 — 



Deja cernerse tranquila 
á la nube cenicienta : 
¡ ay de mi si la tormenta 
dá luces á mi pupila ! 
No me quites la ilusión 
de que es mío lo que ei mío : 
¡ deja á la nube y al río 
quietos en mi corazón ! 

BivAS Quiero evitarte la mengua 

de lo que dicen las gentes. 

Jaime ¡ Pues busca á los maldicientes 
para arrancarles la lengua ! 
La calumnia más soez, 
la especie más ponzoñosa, 
para salir de su fosa 
alas pide á la honradez. 
1 Quede en el antro que incuba 
con cieno sus tristes galas ! 
¡ No le prestéis vuestras alas 
para que se extienda y suba ! 
Su grito no escucharán, 
si sale del antro el grito ; 
pero si yo lo repito, 
¡ todos ¡lo repetirán ! 
El cuento difamador 
no es el que inventa un malvado 
¡ es el chisme comentado 
por las personas de honor ! 

Blas ¿Y si tu afrentosa cruz 

fuese, Jáime, una verdad? 

Jaime Déjale á mi oscuridad 
su único rayo de luz. 
Antes de escucharte, había 
calor en mi noche oscura; 
¡ oyéndote, mi negrura 
se há vuelto fría, muy fría ! 
La oscuridad, que me aploma, 
se va rasgando veloz : 
¡ era negra y á tu voz 



— 19 - 



matices de sangre toma ! 
•as ¿Y tú hijo? 

ime ¿ Qué le habrá dado 

tu conseja envenenada? 
¡ María no será honrada, 
pero Jáime aun es honrado ! 
Mientras yo nada recele, 
no hay mancilla que me cuadre : 
¡deja á la honradez del padre 
que por el pequeño vele ! 
Su vida es sol de tristeza, 
y no tendrá más venturas, 
si en vez de dos amarguras, 
con dos infamias tropieza, 
Mi honor es mío y en mí 
aun reside mi honor todo : 
¡ no agregues montes de lodo 
á las sombras que hay aquí ! 

/AS Conserva, pues, la ilusión 

que á ser dichoso te ayuda. 

ime ¡ No, que has dejado la duda 
clavada en mi corazón ! 
i De dichas hablando estás? 
¿Dónde abre esa flor su broche? 
¡ Ya no la hallaré en mi noche 
que se ha oscurecido más ! 
¡ Ya siempre buscaré en vano 
lo que tú mi dicha nombras ! 
¡ Esa dicha eran mis sombras, 
calentadas por su mano ! 
¿Quién de mi noche sombría 
la lobreguez rasgará? 
I Sobre mí no nieva ya 
la blancura de María ! 

.as ¡ Perdóname ! No debí 

aumentar lo que padeces. 

jme ¡ Cómo creces, cómo creces, 
oh noche, dentro de mí ! 
¡ Cómo agrandan tu crespón 



- 2Q — 



de mis dudas los antojos! 
¡Oscuridad de mis ojos, 
ya llenas mi corazón ! 

ESCENA QUINTA 
Dichos y María 
María ¿Estorbo?... Ya estoy aquí. 
Blas (aparte) \iEUa. ! 

Jaime ¡ Ven, ven junto á mí ! 

que tu mano entre las mías, 

delate las alegrías 

y las penas que hay en tí ! 

¡ Mírame, que aunque no vea 

de tus ojos el fulgor, 

tanto el alma lo desea 

que su brillo cegador 

me trasmitirá tu idea ! 

Háblame y oiga tu acento 

más que nunca conmovido, 

que cuando tú me hablas siento 

que soy ave cuyo nido 

se encuentra en tu pensamiento. 
María ¿Qué tienes, Jaime? ¿por qué 

encuentro tu faz turbada? 

(á Blas) ¿Qué ha pasado? 
Blas i No lo sé ! 

Jaime ¡ No es nada, mi bien, no es nada, 

no es nada, serénate ! 

Si te quiero con pasión ! 

Si no hay dudas ni desvíos 

para ti en mi adoración ! 

Si es mío, ¿ verdad que es mío, 

María, tu corazón? 

Si en mi oscuridad sombría, 

en mi inmensa oscuridad, 

igual que antes me quería 

me quiere aún, ¿no es verdad? 

es alma de mi ¡María ! 

Si ya sé que está tan fuerte 

mi suerte unida á tu suerte, 



- 21 - 



que cuando rompa estos lazos, 

ha de encontrarme la muerte 

en la prisión de tus brazos ! 
\ria ¡ Sí, Jaime, sí ! 
¡íME ¡ Sí lo creo ! 

Si adivina mi deseo 

toda, toda la verdad ! 

Sí, sin verte, yo te veo 

cercada de claridad ! 

Sí tu eres la enredadera 

al guindo del huerto unida 

con una pasión tan fiera, 

que arrancarla de allí fuera 

quitar á los dos la vida ! 

Del guindo por las raíces 

se nutre el flotante tul, 

y los dos alzan felices 

nidos, susurros, matices 

y flores al cielo azul. 

Con un haz de su fulgor 

el día al nacer los dora, 

y en la noche sin calor 

cierra más la trepadora 

sobre el árbol su verdor ! 

Y caerá el árbol, ya seco, 

si le arrancáis ese fleco 

que está diciendo — ¡ te amo ! — 

con Un ala en cada hueco 

y un perfume en cada ramo. 
laria Sí, Jaime, sí ! 
UME j Sí lo sé ! 

No lo digas, calíate, 

perla de mi negro mar 

y rosa dormida al pie 

del madero del altar ! 

(á Blás) Tu que me traes los rumores 

que circulan por ahí 

como lobos ladradores, 

cuenta á los calumniadores 



- 22 



como vivimos aquí ! 
; Qué ves ? Blancuras de armiño, 
un pobre ciego y un niño, 
una cuna y una cruz, 
y sobre las dos la luz 
inefable del cariño. 
En mi huerto, la canción 
de las tardas estaciones, 
y aquí la palpitación 
que funde tres corazones 
en un sólo corazón ! 
A todos, á todos di 
lo que has visto, lo que es cierto : 
¡ que ella estaba junto á mí, 
qeu hay perfumes en mi huerto 
y un ángel dormido allí ! 
Que los viles piensen mal 
no importa á los que son puros: 
¡ nido que cimbra el terral, 
ojalá fuesen tus muros 
muros de terso cristal ! 
Blas Yo te dije lo que oí 

no sé donde, ni se cuando. 
Hice mal. 

María (aparte) (¡Pobre de mí!) 

Jaime (aparte) (Duda que me estás matando, 
¿cómo librarme de tí? 
; Dónde iré que en torno mío 
tu tul no sienta flotar 
siempre más ancho y más frío? 
i Empezaste siendo río 
y te has transformado en mar!) 

ESCENA SEXTA 

Dichos y el Doctor 
Blas Adelante. 
María ♦ Es el doctor. 

Doctor ¿Y mi enfermo? 



- 25 - 



Ya ha olvidado 
los seis meses que ha pasado 
en lidia con el dolor. 
Doctor Todo se cura con calma 
y un poco de voluntad, 
cuando está la enfermedad 
más que en el cuerpo en el alma, 
Resignarse es lo primero, 
con el mal no merecido, 
hasta que viene el olvido 
que es el doctor verdadero. 
¿Es verdad lo que nos cuenta 
Ernesto ?. . . ¡ Pobre mujer ! 
Apartarse del deber 
es chocar con la tormenta. 
Ciegan siempre á la pasión 
de la locura los velos: : 
"El mayor monstruo los celos", 
puso á un drama Calderón. 
Y ha muerto ? 

Muerta la vi. 
y aquel cuadro daba pena: 
¡ aun tengo la horrible escena 
clavada, señora, aquí! (pausa), 
(muy detallado) Escenario: un conventillo, 
rojo suélo de ladrillo 
que esparce sangriento hedor, 
y sobre un lecho sencillo 
la imagen del Redentor. 
En el lecho un serafín, 
y en la ventana un cristal 
que colora de carmín 
la refulgencia espeqtral 
de un crepúsculo sin fin. 
Dormido el niño ; en el suelo 
extendida una mujer, 
y en su rostro, que es de hielo, 
una lágrima de duelo 
que n« acaba de correr. 



- 24 - 



M Allí A 

Doctor 

Ernesto 

Jaime 



Sobre la humilde ventana 

muestra el tiesto de un rosal 

algunas ñores de grana : 

cerca del niño, una anciana; 

junto á la muerta, un puñal. 

Y bajo la luz incierta 

que cae temblando del cielo, 

la mirada de la muerta 

siempre fija y siempre abierta 

sobre el pobre pequeñuelo. 

' — ¿ Quién á esta mujer mató?-— 

pregunto, y dice la anciana: 

—Ella á su esposo engañó, 

y él, loco, la asesinó 

por celos esta mañana.— 

Se va la sombra agrandando 

en ei crisol mal bruñido: 

la anciana vela rezando, 

la muerta sigue llorando 

y el niño sigue dormido. 

—La quería con locura,— 

luego la anciana murmura, 

y atravesando el crisol, 

besa al niño sin ventura 

la postrera luz del sol. 

Todo después queda en paz: 

se borra el lampo fugaz 

que la ventana colora; 

la lágrima se evapora 

del cadáver en la faz; 

y guardando al niño puro 

y á la muerta sin pudor, 

¡ relumbra sólo en lo oscuro, 

sobre lo negro del muro, 

la imagen del Redentor ! 

¡ Pobre niño sin sostén ! 

Ya está preso el criminal. 

Siendo padre, hizo muy mal. 

Si era honrado, hizo muy bien. 



I 



- 25 - 

aria Pero el huérfano... Su vida 
empieza en noche nublada. 

3CT0R No comprendo á la alborada 
de roja sangre vestida. 
Cegaron al criminal 
de la muerta los desvíos : 
; son los celos más bravios 
y salvajes que un chacal! 

ime La nube, en vapores rica, 

aun á su pesar revienta : 

; no culpéis á la tormenta, 

si no al que el rayo fabrica ! 

¿Un hombre venga su honor? 

i Es la nube que se raja! 

¡Si el rayo fulgura y baja, 

no culpéis al matador ! 
,as ¿Y del niño el porvenir? 

¿ Quién recogerá su lloro ? 
ime Por amor y por decoro 

hay que matar ó morir. 

Hay que evitar que se ría 

de lo grande de tu pena, 

el que en la amargura ajena 

halla ocasión de alegría; 

y es viril romper los lazos 

que enlazan á otro hombre, Blas, 

con la que ya no verás 

ebria de gozo en tus brazos. 
>ctor Peligra la curación 

si el enfermo se acalora. 
aria ¡Cobije á la pecadora 

el sudario del perdón ! 
íNesto (tomando su sombrero) Basta de filosofía. 
ictor (ídem) Poco con ella se gana. 
as (á Ernesto) Voy contigo. 

>Ctor (á Jaime) Hasta mañana. 

ISe Acompáñalos. María. 



— 26 — 



ESCENA SEPTIMA 
Jaime 

El actor se levanta, y situándose junto á la venta 
dice : 

Dos noche tiene mi vida 

llenas de siniestro horror, 

dos noches en que el dolor 

gana entera la partida; 

¡ lágrima mal contenida 

que te empeñas en rodar, 

no calmarás mi pesar 

aunque te deje correr, 

que hay llanto en mi para hacer 

diez veces más hondo el mar ! 

Una noche, la tirana 

oscuridad que hay en mí, 

vino á sorprenderme aquí, 

junto á esta misma ventana; 

y hoy la duda, que se afana 

por dar formas al delito, 

de mis ojos lo marchito 

coloca en mi corazón, 

; agregando á mi crespón 

otro crespón infinito ! 

Era muy justo que hicieras 

doble mi noche sombría; 

á dos cielos, suerte mía, 

corresponden dos cegueras. 

¡ Si lo azul de las esferas 

que del ave cruza el vuelo, 

cerraste á mi ardiente anhelo 

de formas y de color, 

sobre lo azul de mi amor 

debes tender otro velo ! 

Xo temas ; no gritaré 

por muy fuerte que me hieras: 

acepto tus dos cegueras 

y con las dos lucharé. 

Tras la verdad correré 



- 27 



• como ciego, sin premura, 
y si en mi doble negrura 
consigo con ella dar, 
¡ prometo, oh suerte, saciar 
tus hambres de desventura ! 
{Escuchando) Alguno cruza el jardín. 
Son ellos... Suben... ¡Mejor! 
¡ Verdad, acepto tu horror 
con tal que vengas al fin ! 
¡O con tintes de jazmín 
vestida consigo verte, 
ó le probaré á la suerte 
que sé cumplir lo pactado, 
entregando ensangrentado 
lo que más quiero á la muerte ! 
Aquí, tras esa cortina, 
me escondo á verte nacer, 
verdad, que pudieras ser 
el rayo que nos calcina. 
¡Ven; no tardes; te adivina 
entera mi corazón, 
y espero tu aparición 
en las sombras escondido, 
como espera el tigre herido 
la zarpada del león ! 

ESCENA OCTAVA 

te (oculto).— Ernesto y María (entran hablando 
ya. — Toda la escena con voz muy contenida y apa- 



si o nada. 


ESTO 


1 Huyamos, María ! 


HA 


¡ No ! 


ESTO 


¿No ves que vas á perderte? 


HA 


Si tarda tanto la muerte, 




¡ no tengo la culpa yo ! 


ESTO 


Mi secreto ya no es mío. 


HA 


Ni me importa ni me espanta. 



- 28 - 



Ernesto ¡ Mira que á tus pies levanta 
montes de espumas el rio ! 
Todo lo puede arrasar 
de las aguas el empuje: 
¡ el puente se dobla, cruje, 
y el río te va á arrastrar ! 

María ; Dejarle asi! 

Ernesto Su ceguera 

más sinceridad merece : 
; traición de amor se engrandece 
cuando es franca y es entera ! 

María ; Yo soy su único cariño ! 

Ernesto ¡ Mi fé, si quieres, le inmolo ! 

María ¿ Qué hará sólo, siempre sólo, 
junto á la cuna del niño? 
¿ quién sus pasos llevará 
desde la cuna al jardín? 
¿ quién, de su noche sin fin, 
las sombras azulará? 

Ernesto ; No me quieres ! 

María ¡Con pasión, 

con languidez infinita ! 

Ernesto Pues refugíate en la cita 
que te da mi corazón. 
Evítame el acechar, 
el mentir y el mal querer: 
¡de aquí te arroja el deber! 
¡ labra tu nido en mi hogar ! 
¡ Huyamos pronto ! 

María ¡ No puedo ! 

Ernesto ¡ Huyamos por ti y por mí ! 

María ¡ Para arrancarme de aquí, 
le faltan fuerzas al miedo ! 

Ernesto No irrites á tu fortuna, 

que obra con piedad sin tasa. 
Nada existe en esta casa 
que te retenga. 



- 29 - 



ría ¡Su cuna! 

«esto i Vale muy poco un cariño 

que á tantos ruegos me obliga ! 

ría ¿Dónde iré que no me si^a 
la dulce voz de mi niño? 
¿Qué llevaría á tu hogar 
mi dolorosa ternura? 
¡ Llevaría la amargura 
de no poderle besar ! 
Mi labio no te mintió 
al decir que te quería; 
¡ pero el niño se alzaría 
implacable entre tú y yo ! 
Y amargando nuestros gozos, 
si te sigo y si te creo, 
¡ me fingirá mi deseo 
sus risas y sus sollozos ! 

nesto Cese tu vacilación, 

olvidas que el tiempo vuela 
y que Jaime ya recela 
tu ternura y mi pasión; 
que nos van á delatar 
entregándote á la muerte, 
sin poder, tú, defenderte 
ni poderte, yo, salvar. 

\ria Perderte á tí... ¡qué dolor! 

perder á mi hijo... ¡no quiero 
¡ Venga la muerte, la espero ! 
¡ Cuanto más pronto, mejor ! 

nesto Pues bien, llévale contigo 
que al cabo es mitad de ti, 
y te ama mi frenesí 
mucho más de lo que digo. 
Llévale, que mi pasión 
á quererle llegará, 
viendo que en el niño está 
parte de tu corazón. 
Llévale, pero en seguida, 
y piense tu calma ciega, 



-v-SO- 



que en un minuto se juega 
á veces toda una vida. 
María, te esperó allí, 
concedo cuando me pides ; 
pero no olvides, no olvides, 
que yo no me voy sin tí! (váse). 



ESCENA NOVENA 



Jaime y María 

María ¡Jaime! 

Jaime ¡ Sí, y es cosa fuerte 

hallar donde no esperabas 
al que juzgas que es tu muerte! 
¡ Se engañaba y te engañabas ! 
i No más iras!. . . ¡'No más choques 
¡ Nada mi encono dirá ! 
¡Eres libre!... ¡Vete ya! 
¡ Vete, pero no me toques 1 

María \ Perdón ! 

Jaime Puede la traición 

de aquellos que hemos querido, 
confiar en el olvido, 
pero nunca en el perdón. 
¡Ladrona, más que ladrona 
que has penetrado en mi hogar 
sólo para mancillar 
el honor de que blasona; 
yo podría perdonarte 
que entre las sombras me hieras, 
pero nunca que quisieras 
todas mis dichas llevarte. 
¡ El niño que duerme allí 
es médula de mis huesos; 
ya no mancharán tus besos 
el alma que yo le di ! 

María ¡ Mi hijo! 



- 51 ~ 



Iaimk j Suplicas en vano! 

Vi aria ¡Jaime! 

Jaime ¡ Al tocarme deliras, 

que se embravecen mis iras 
con el roce de tu mano ! 

María ¡ Suéltame ! j Piedad ! 

Jaime ¿Piedad? 

¿ La tenias tú de mí 
al abandonarme aquí, 
solo con mi oscuridad? 

María ¡Me haces daño ! 

¡¡Súfrelo 

en castigo de tu engaño, 
porque más ha sido el daño 
que tu infamia me causó ! 

¡ Ernesto ! 

¡Calla y advierte 
que ya nunca le verás ! 
¡ Ernesto ! 

¿No ves que estás, 
mujer, llamando á la muerte? 
¡ Déjame ! 

(ahogándola) ¡Mi mano sea 
mordaza de mi baldón ! 
¡ Has despertado al león 
y de ti se enseñorea ! 
¡ Recobra todo el veneno 
que en mis venas has vertido, 
víbora que te has nutrido 
con la sangre de mi seno ! 

ESCENA ULTIMA 
Jaime, Blas y María (muerta) 
¡Jaime!... ¡María!... ¡ Está yerta ! 
¿Cómo ha sido? 

] No lo sé ! 



- 32 - 



Blas Dí con Ernesto en tu puerta 

y todo lo adiviné. 

Jaime ¡ Muerta* como el día muerta ! 
Ahora sí se apagó el fuego 
que llenaba de haces rojos 
la noche por que navego : 
¡ Ahora sí, luz de mis ojos, 
que estoy para siempre ciego ! 



TELON 



Librería Teatral "APOLO 

Corrientes 1361 

Buenos Aires 

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